lunes, 10 de enero de 2011

EL VIAJERO Y YO

Entreabierta la flor en la montaña, reflejando luces tornasoladas en un atardecer que marcha hacia su muerte. Y en medio de esa nada, un viajero pasa, intrascendente y gris, pero con un aura brillante, para quien puede ver. Lleva en su equipaje una daga oxidada y unos petalos marchitos. Y lleva en su rostro la tristeza, pero en su cuerpo la alegria de ser el mismo. Aturdido, cansado, pero vivo y auténtico. Emprendiendo el viaje hacia mas alla del sol, mas alla de las estrellas y alejandose lentamente de la montaña... y de la flor. Sigo sus pasos para recoger alguna enseñanza que pueda recojer de esas alforjas cansadas, Sediento de saber, como el, y alegre y triste en mi destino de vagabundo errante que me hace confundir con el viajero gris, que no deja huella, por eso es tan dificil seguir su rastro.

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