lunes, 25 de julio de 2011
SED DE ANGELES
Aunque las metas no existen y los objetivos son solo inventos difusos de hombres mentirosos a si mismos, voy alcanzando estacas de tiempo. Me voy tomando de ellas, y , como en una escalera invisible, subo. No se adonde, solo subo. Sobre pequeños infiernos y también sobre pequeñas muertes. A veces tambaleo, pero nunca caigo. Como ebrio de pequeñas luces que estallan ante mis ojos, para luego desaparecer repentinamente. Descanso y nuevamente busco. El trueno suena cada vez mas fuerte y el dios se agiganta un poco mas cada día. En el bronce de mi piel siento la fuerza de siete hombres distintos. Y entre las llagas de mi alma se alza esa fuerza imposible que siempre me levanta, me eleva cada día un poco mas, hasta la tarde apacible en que la nube me reciba y se lleve mi fuerza..., y mi sed...
OCASOS Y TIEMPOS
No se si estoy corriendo al tiempo. Tampoco se si puedo alcanzarlo. Desde mi volcán interno, desde muy de mis adentros, siempre busco o espero a la estrella. La que no existe. Y aunque existiera, mis ojos estan vedados a ella. Solo he visto remedos de estrellas, sin brillo propio, sin vuelo real, que solo deambulan por el espacio. Sin magia, sin gracia y sin encanto de magia. Ocaso de tiempos no escritos o espejismos de lo que uno quiere ver. En el tunel de silencio que puedo crearme entre los ruidos, medito sobre los tiempos y los ocasos.
EL PÉNDULO
El péndulo se mueve todo el tiempo. Como uno, que muchas veces se mueve en la vida de un lado a otro. Ojos que me miran, aunque no me vean. Pensamientos y sensaciones sobrevuelan sobre mi propio péndulo. Y siempre, atento a todo, el pensamiento que convoca, que evoca otros pensares y otros sentires, de tiempos idos, de tiempos actuales y de tiempos por venir. Uno puede saber, y solo a veces, adonde esta nuestro péndulo hoy, pero nunca sabe adonde estara parado mañana..
lunes, 4 de julio de 2011
EL DUENDE DEL AMOR
Hay que sacar a bailar a nuestro duende interno. Todos los días. A veces mucho. Otras veces poquito. Lo que se pueda, pero si todos los días. Aunque las cosas no estén tan bien, hay que hacerse un pequeño espacio. Y si están tranquilas, mucho tiempo, disfrutarlo a fondo. Es el que nos da vida y nos hace sonreír. El que nos devuelve el tiempo perdido en tiempos de vuelos equivocados o sin rumbo, en aires enrarecidos que no dejan volar ni respirar. Aprendiendo a querer al duende, aprendemos a querernos a nosotros mismos, a acariciarnos, y nos da la vitalidad espiritual necesaria para poder querer a los demás. Y yo quiero quererme. Y te quiero querer a vos, a vos, y a vos. A todos. No sirve el amor en cuenta gotas y con destino prefijado. Hay que vestirse con el duende y aprender a vivir danzando, bailar en el viento, Amar a todas las personas y a la vida misma.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
