miércoles, 5 de enero de 2011
EL HOMBRE Y SU ENEMIGO INTERIOR
En un atardecer rosado, sobre un camino de piedras recalentadas por el desértico sol, El hombre espera. Y mira hacia el horizonte, de frente al viento que nunca se detiene. El sol, el viento y ese fuego que lo recorre y nunca se apaga. Y todos los duendes del mundo atravesando sus ojos, llenos de lágrimas que pugnan por salir. Pero igual insiste y avanza contra el viento, nunca se detiene. El día que se detenga, muere. Y lo sabe. Por eso su esperanza es la marcha, no importa adonde ni por que. Solo una marcha indómita y rebelde. Que se enoja con los vientos, con las piedras, con los duendes y con los fuegos. Es su marca, es su esencia. La rebeldía por que si, Y aunque siempre lo contradigan, nada escucha. Sordo a las palabras y a los lamentos que lo rodean. Y sabe que en un momento, todo desaparecerá y estará solo consigo mismo. Todas esas cosas ya no estarán y podra verse cara a cara con su enemigo interior.
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