miércoles, 26 de enero de 2011
EL HOGAR DE LAS ALMAS ERRANTES EN SIGNO DE PREGUNTA
Nada busco, nada quiero. Solo mi espacio blanco y silencioso. El lugar sin oscuridad y sin luz. El hogar de las almas errantes. Aquellas que se alejaron del rebaño y que ya no tienen lugar. Que solo pueden aspirar un olor concreto al escuchar cierta música. Hacia ese lugar voy, transitando lentamente y con muchos tropiezos el camino destinado a mi parte humana. No puedo entender los ruidos, las palabras que nada dicen y los sabores que son intrascendentes. Pero los tengo que vivenciar igual. Mi techo sin estrellas sigue existiendo y me devuelve su luz oscura. No le temo, por que ya no le temo a nada. Solo me pregunto por que y para que está. No se si es una necesidad o una obligación. Por otro lado, a veces hay pequeños puntos de luz que me hacen dudar de esa silenciosa marcha de pequeños acontecimientos escalonados que van marcando la vida de cada uno. Y me siento tan pequeño e ignorante que me averguenzo de mi mismo. A veces quisiera ser la hormiga que lleva su carga y nada piensa. En este, mi espacio de flor abierta, me descubro y me desangro en pétalos dolorosos y busco encontrar mi esencia perdida.
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