Y la pasión me persigue, aunque siempre fui ignorante de
ello. Y si tengo corazón, y no frialdad. Y aunque mi alma haya quedado
petrificada para siempre con solo dos estocadas dadas en los días justos y a las
edades justas, he podido tomar conciencia que mi rebeldía innata era eso.
Pasión. Oculta. Dormida. Escondida, para poder recorrer el camino del tiempo de
labrar la tierra. Sí, mi corazón es un huracán por más que mi mente trate de
ignorarlo. Hoy, casi todos los días puedo sentir el fuego sagrado de mi corazón
de huracán que deja atónitas en ardor a las flores que se animan a crecer a mí
alrededor. Y mi tiempo de labrador me dio la inmortalidad. Y la inmortalidad
vive en mi corazón y le da una porción de paz. El resto de mi corazón no
necesita paz porque es un huracán que todo lo vence, todo lo supera y
arrasa. Y galopa, entre desaforado e
intrépido, en esa poco conocida y menos entendida pradera de vida que se
construyó para sí mismo.
jueves, 30 de octubre de 2014
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario