jueves, 30 de octubre de 2014
ALMA DE CAMINANTE
Y
despertose en la oscuridad bañado de transpiración como todas las diez mil noches anteriores. Y el rayo no lo toco
ni recibió ningún mensaje ni sintió ningún tipo de iluminación. Pero en la
sangre lo sentía. Sin improntas de de llegadas rimbombantes ni rodeado de luces
fantásticas, igual lo intuyo en la piel. Y sintiose el anciano intrépido y
juvenil, como no se había sentido cuando la primavera de la vida lo recorría.
Su piel no rejuveneció, ni sus brazos recobraron fuerzas. Pero en sus ojos que
siempre pudieron relampaguear cuando la cólera los inundaba de fuego salvaje,
se posó algo. Sin nombre, sin forma, sin edad. Como un pájaro invisible de
quietud y con la duda segura de que no se podía entender pero así era. Y
todo paso a ser perfecto y único. Y pudo montar su caballo y marchar. Y desde
entonces nadie más lo vió. Desapareció en carne y como si hubiera sido una
ilusión desapareció para siempre de la memoria de todos. Solo vive inmortal, en
el recuerdo de quien supo comprender aunque mas no sea en parte, el porqué del
cinismo que vivía en su compleja alma de hastío
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