jueves, 31 de enero de 2013
VISCISITUDES DE LA CRISÁLIDA
En la quietud, y con la brisa constante y en el silencio voraz, a la pregunta me dirijo. En ese preciso instante, sin ambages ni permisos, a estos tres duendes recurro. En meditación constante. Y dudo y pregunto. Y el mar me responde. Y aunque yo no le crea, el me da su respuesta. Y si, también se que es pensamiento teórico y poco movimiento de pies ligeros. Pero al ver la ola de mar explotar a la espuma me remito. Y visto y escrito, y observado en el mar, que la duda siempre persiste, es que me decido y digo. Nadie ha de escucharme si su oído no se abre. nadie ha de tocarme si no desea ser tocado primero. Y nadie va a entender, si antes no se rinde a si mismo y muere allí mismo para nacer de nuevo.
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