lunes, 21 de enero de 2013
LA TERCERA ESPADA Y EL NACIMIENTO DEL POETA SOBERBIO
Y si, en tiempos de distancias compartidas con pájaros de luz incierta, todo se puede tornar monótono y complejo a la vez. Raro pero real. Por eso se ha de marchar sin jamas detenerse y se ha de mantener siempre encendida la máquina incolumne. Nunca debe parar. Nunca debe uno preguntarse nada. Solo marchar. Solo guerrero has de ser. Hasta que el tiempo de montaña triste y helada termine, así se ha de seguir. Un día, en un momento impensado, un día cualquiera, de calor o de frío, sin ninguna condición y sin que nada ocurra y sin motivos aparentes, desaparece la montaña y se ve el sol. Lo malo que la luz del sol quema a quien no está acostumbrado a vivir con ella y debajo de ella. Y vienen tiempos de confusión, de desasosiego, de incertidumbre voraz. Pero queda un tiempo mas. El tercer filo que cae aún en atardeceres que parecen rotos por siempre, pero que solo están guardados en la oscuridad. Y quien parecía un guerrero se transforma, cual crisálida, en un poeta ansioso de luz, hambriento de luz. Un ser metafórico y con dudas de todo, pero absoluta e irremediablemente vivo, con visos de locura, de dureza, de soberbia y de humor burlón y que cree saber todo, o casi todo...
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