A veces veo pequeñas gotas de dolor y me hago humano. Pero cuando veo
gruesas grietas de dolor inmenso me hago pequeño. Y desde mi rincón puedo percibir
el dolor aun en la distancia más distante, sintiéndolo levantarse como
horribles e inmensas olas de espuma negra, para luego caer y morir y matar,
estrepitosas, alucinantes, y dejándote en el desconcierto más oscuro. Y
al romper se transforman en terrible e inconsolable llanto. Es como el llanto
de una madre. Pero también es majestuoso, porque muestra el más grande amor,
aun en el mayor desasosiego. Y porque un día será vida. Y será posible buscar
la luz en el dolor, y el color en las tinieblas. Porque un día vendrá una
pequeña llama que te señalara el sendero. Y me siento culpable. Culpable de
poder ser, de existir, y de ser feliz en mi castillo solitario. Entonces, miro,
observo, siento y desde mi lugar de dragón de mar y fuego, puedo tocar almas
con la punta de mis dedos. Y sé que después de la larga noche y del camino
silencioso, la ansiada paz siempre llega, como siempre le llega a los seres que
tienen la timidez en el alma. Porque las personas tímidas, por ser tímidas
hacia afuera, pueden mirar dentro suyo y no asustarse. Y pueden sentir que
mueren en vida y ya ni corazón les queda. Pero el día siempre llega y cuando el
sol caliente volverán ver la flor…pequeña y tierna flor que les devolverá la
vida…
jueves, 9 de julio de 2015
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario