A veces, en la sangre, en la piel y en algunas palabras hay
magia. Magia concreta. No ilusión, magia verdadera y concreta. Por eso, quien
se acerca lo suficiente, o quien el mago
permite pasar su línea invisible, secreta e imaginaria, puede disfrutarla. Y
puede morir. Y muere. Y sufre. Y renace. Renace como en otra dimensión. Y solo
quien tiene los poros muy abiertos como para absorber algo de esa magia y
hacérsela propia, puede entender, puede disfrutar y puede vivir, vivir de
verdad…
lunes, 1 de septiembre de 2014
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