lunes, 8 de octubre de 2012
LA MARCHA
Yo vine un día a develar incógnitas. Me subí a un caballo brioso, desbocado e indomable. Arriesgué. No pensé. Y recorrí caminos sin sol ni luna y nunca me detuve. No quise ni pude. Hoy aminoré mi marcha. Y a veces, y en parte, observo. Y trato, todos los días, a veces calmamente y otras, desesperadamente, de poder marchar sin locura. Busco el brillo tenaz que la oscuridad me esconde. Nunca se si estoy en el camino correcto, pero igual voy, siempre voy. Quieto y en movimiento siempre estoy yendo. Dejé un caballo de carne y hueso para montar uno de sueños y de locura febril. Y en ese devenir, no hay espacio para preguntas, solo cabalgar, en calma o ardiendo, pero siempre marchar...
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