martes, 11 de septiembre de 2012

TIEMPO DE ALGODÓN

Y vengo. Vuelvo a avanzar lentamente, agazapado. Con miedos escondidos. Con fatalidades que me desbordan. Y vuelvo igual. Es la paradoja de estar vivo. Siempre se va hacia adelante. Aunque no se vea ningún horizonte. Uno siempre vive abrazado a la esperanza. En mi caso, soy demasiado incrédulo para creer o esperar algo. Y sin embargo, en un rincón de mi, creo y espero. Aunque me resista a ello, imbuido en mi soberbia y mi caparazón de metal. Hoy es como ayer, pero con otra mirada. Son otros mis ojos. Puedo decir que he perdido mis ojos y que he perdido mis dientes. Pero todavía no perdí mis manos. Y con ellas, aún ciego y aún vencido, buscaré en la oscuridad mí tiempo perdido de algodón.

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