domingo, 13 de mayo de 2012

LA FILOSOFÍA DE LAS DUDAS

Las palabras, la escritura, como muchas canciones, se nutren de la tristeza. No es fácil escribir sobre la alegría, porque la alegría se vive, no se escribe. La tristeza, en cambio, produce angustia y como no sabemos qué hacer con ella, algunos la trasladamos a la escritura. Hay que hacer un ejercicio para escribir sobre la alegría. Pero como la vivimos, no tenemos tiempo para escribir sobre ella. Tal vez, si volamos hacia adentro y buscamos nuestra alegría interna, podríamos vivirla mientras escribimos. Otros, en cambio, no escriben, ni se entristecen y a veces ni siquiera saben si están alegres. Solo viven, viven cada día sin preguntas ni dudas. Son los más inteligentes según diría el sentir, o los más torpes, según algunos filósofos, porque nada piensan. Como las razones no existen, porque todo es relativo y depende de las ópticas, es que nadie posee ninguna verdad. En un mundo de preguntas, yo solo creo en la nada y en la duda constante, en la contradicción permanente. Ella es mi aliento y mi alimento. Sin la duda, no existo. Pero a no confundirse, yo dudo, pero no hago preguntas. Dudo, medito, observo y solo espero. Me siento el filósofo de la nada. El no explicable, el no entendible, el contradictorio y esa es la base de mi pensamiento y de mí sentir.

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