Tibio desde el frío. O frío desde lo tibio. No lo sé. Desde esa tibieza o desde esa frialdad, se eleva despaciosamente y con cierta tristeza el ángel plateado. Lenta y cansinamente despliega sus alas, pero no puede subir mucho. Se mantiene cerca, en un limbo dorado, sin decidirse a emprender el alto vuelo o quedarse descansando en la tierra. Tal vez no puede elevarse mucho y eso lo entristece. Y se mantiene en su limbo. Sosegado, observa el cielo. Y puede ver en él a la espuma del mar. Con su mente en blanco, ángel sin recuerdos, se regodea en su corto vuelo, en su sosegada paz y en su mansa tristeza. Y desciende a la tierra. No lo llores ni le hables. El está tirado entre los pies de la gente y observa. A la gente, al cielo y a un punto infinito adonde solo él puede ver. Que esté tirado no quiere decir que se sienta mal. Ángel salvaje al que le gusta, ya que su vuelo cuesta, observar todo desde los pies de la gente que pasa sin verlo…
viernes, 2 de marzo de 2012
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