Simple, perdido y confundido. Enraizado en las raíces del muñeco de tierra gris que busca sin esfuerzo los colores, va descubriendo la magia de poder ser. Nada explica, nada dá y nada niega. Delirando sobre la luz de su único y poderoso ojo, te observa. Huele tu angustia y espera. No hay luz sin oscuridad. Y busca en la luna las respuestas a su falta de preguntas. Angustiosamente calmo y seguro. Briosamente nervioso e intolerante. Con sus fauces, golpea y arde en dulzura. No quieras comprenderlo, es un paso de luz en las noches oscuras, ondulantes y solitarias.
miércoles, 8 de febrero de 2012
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