Hay que sacar a bailar a nuestro duende interno. Todos los días. A veces mucho. Otras veces poquito. Lo que se pueda, pero si todos los días. Aunque las cosas no estén tan bien, hay que hacerse un pequeño espacio. Y si están tranquilas, mucho tiempo, disfrutarlo a fondo. Es el que nos da vida y nos hace sonreír. El que nos devuelve el tiempo perdido en tiempos de vuelos equivocados o sin rumbo, en aires enrarecidos que no dejan volar ni respirar. Aprendiendo a querer al duende, aprendemos a querernos a nosotros mismos, a acariciarnos, y nos da la vitalidad espiritual necesaria para poder querer a los demás. Y yo quiero quererme. Y te quiero querer a vos, a vos, y a vos. A todos. No sirve el amor en cuenta gotas y con destino prefijado. Hay que vestirse con el duende y aprender a vivir danzando, bailar en el viento, Amar a todas las personas y a la vida misma.
lunes, 4 de julio de 2011
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario