sábado, 25 de junio de 2011

CARTA DEL LEOPARDO DORADO A LA CUIDADORA DE LA ROSA

Nada te digo, ni te reprocho, ni te reclamo. Te doy gracias y te pido perdón. Gracias por la rosa y perdón por no poder ser girasol. Soy leopardo. Como carne y me muevo solo. Agazapado estoy y busco mi presa. Estuve escondido, disfrazado de planta, pero no era mi destino. Hube de serlo por motivos supremos, alejados a mi entendimiento. La misión se cumplió y volví a la selva, adonde pertenezco. El tiempo de mansedumbre entregado fue el doble de lo pactado a mis espaldas. El excedente entregado fue correspondiente al valor de la cuidadora de la flor. Nada te debo ni me debes y mientras afilo mis garras, me río del destino y de los caminos desandados.

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