lunes, 9 de mayo de 2011
ESPACIO VACÍO
Un día lejano, un angel que vi bajar del cielo, golpeó mi puerta. A mi me buscaba, a mi me queria. Y nadie puede resistir la voz de un angel. Mas, para mi desdicha, era un angel hace mucho expulsado del cielo. Era un Belcebú, un Baal, un Lucifer. Vaya uno a saber su antiguo y real nombre. Y con sutiles y hermosas artimañas, lentamente y sin que yo lo notara, arrancó y se llevó mi alma. Y hoy, y desde hace mucho tiempo, me debato entre mi piel humana, mi impregnación de ese demonio y mi destino de sobreviviente, que, debido al esfuerzo mental, obligado por la carencia de alma, y la fortaleza que hube de tener para poder vivir sin ella, es que me convertí en un Dios humano. Aunque no inmortal, si con la soberbia de los Dioses. Y miento, y engaño y hago el bien y me derramo en agonias, según quien sea de los tres, el que ocupe el espacio de mi alma. Y en mis instantes de lucidez busco un alma o un sustituto de ella. La busco en olores, en perfumes y en esencias, pero se que es un esfuerzo vano. Ya mi debilidad fue mi casi muerte. Y no existen magos ni hechizeras que puedan sustituir lo insustituible. En ese vacío, y en esa espera, y en esos esfuerzos de mi mente, corazón y mi ser todo, es que me convertí en el Dios que un día, en esas entrelineas, en esos espacios de luz y oscuridad que pocos pueden ver, vos me viste. Y la luz cegó por un instante tus ojos, mostrandote por un momento breve, pero suficiente, al Dios que si me habita. Que no te engañe el brillo de mis ojos, ni la fuerza de mi brazo en tu cerviz, por que yo abrazo desde adentro de mi entraña. Y es mi ser de Dios el que te invade, en sutil y placentero abrazo dominante. Yo no soy consciente de mis pasos. Y aunque no es excusa de la dicha y la desdicha, es lo que soy, es lo que doy y es lo que puedo.
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