sábado, 19 de febrero de 2011

LUZ INTERIOR

En el filo de la soledad, todo es brillante. No hay vacíos ni hay esperas. No hay dudas ni cuestionarios. Un atizbo de sol húmedo se cuela entre las ventanas. Solo lo observo sin moverme. Un haz de luz te puede hacer viajar a distancias considerables. Recuerdo la nieve y su tristeza pastosa de azul. Otros recuerdos viejos de libertad libre e inconsciente. Y siempre ese silencio hacia mis adentros, mientras afuera se fabricaban solas las fantasías de colores. La vida suele ser como una obra de teatro. Cambian los escenarios y los actores, pero la historia es siempre la misma, repetida hasta el infinito. Por eso, hay que tratar de no actuar, de bajarse del escenario y partir hacia nuestra propia raiz interna que luego se abre en varias ramas, para encontrar una verdad chiquitita que nos de el pequeño calor y la pequeña luz que siempre buscamos. En soledad con uno mismo y sin temores de rotos cristales.

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