domingo, 5 de diciembre de 2010
EL DÍA DEL ENCUENTRO
Un movimiento de tiempo. Un haz de luz recorriendo el espacio y una explosión multicolor inundando los sentidos. Sobre el altar de la pasión, por el que han pasado y muerto muchos de mis sentires, elevo una plegaria sin rezo. Palabras sin oración y con mucha cautela. Por que la creencia solo tiene sentido de ausencia. Por que las miradas nunca van hacia el cielo. Por que el cielo solo es una visión prestada. Por que en un tiempo de palabras lo que vale, los hechos, son efímeros y casi invisíbles. Solo hay que tomar un puñado de polvo de estrellas, rociarlo por el cuerpo y sentir la esencia de un cielo propio caer lentamente sobre uno, para poder levantarse y ser el gigante de pies pequeños que habita en mi centro interno, tan cercano y tan lejano a la vez. Pero se que un día, ese gigante, con sus pequeños pasos llegara a mi y será el día del encuentro esperado y ya nunca se separará de mi.
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