sábado, 18 de septiembre de 2010
EL HOMBRE DE METAL
Tres días sin sol. Las nubes cubrieron el cielo todo. La noche anterior a que vuelva el sol, lloré en sueños, extrañando al dolor, pidiendo a gritos el golpe, como un adicto al espanto. Llorar consciente no me es frecuente, ni tampoco me permito soñar. LLorar en sueños cada veintitres años parece que es lo único que se permite un hombre con armadura de hierro debajo de la piel y escudo de acero sobre ella. Mi fortaleza. Ella es el motivo de mi fuerza y la razón de mi desdicha. Cien pájaros de oro deberian atravesarme para que caigan mis metales, pero despues de cargar tanto con ellos, no se si quedaría ya algo de mi.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario