domingo, 13 de junio de 2010

MORIBUNDO

No hay días ni noches, solo una quietud fría y larga, aparentemente eterna, lisa y permanente, triste y consecuente, mientras afuera, las historias se repiten incansablemente. Voy a poner mis manos sobre el fuego, para quemarlas, para sentir dolor verdadero, para fortalecerlas. Cerrado el puño quemado debe ser invencible, y si asi no fuera, sera solo otro intento en la brutal necesidad de la marcha febril, de la busqueda incansable, de la locura de vida, mientras se viven muchas muertes pequeñas.

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