sábado, 29 de mayo de 2010
VIRUS DE SOLEDAD
La rara enfermedad de Ricardo lo hacia dudar de todo. El virus que lo había invadido hacía años lo privaba de conciencia y de sincronismo al caminar. Se movía como un oso torpe, se golpeaba la cabeza y los brazos al moverse, y pensaba con menos coherencia aún que un oso. Ni como conseguir su alimento podía, no tenía ni el instinto. Aunque no había cura, los doctores dijeron que con el tiempo iba a aprender y a mejorar. Suponían..., por que el virus era desconocido y como era el único enfermo, nadie se tomaba el trabajo de investigar, a nadie le convenía. A veces se dejaba conducir, pero cuando un atizbo, un relámpago de pensamiento lo invadía, se rebelaba, enloquecía, y se quedaba solo de nuevo. No empeoraba ni mejoraba, y, al no tener conciencia, no podía salir, ni siquiera desear su propia muerte. Solo le queda el transitar, babeante y avergonzado, por los cielos de piedras brillantes que un día recorrió como protagonista y hoy ni siquiera puede comprender que significan esas cosas.
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