martes, 25 de mayo de 2010
HAMBRE DE DULCE
Quiero que la daga de almibar se hunda lentamente en mi, y sentir una muerte dulce, que despacio me vaya llevando a su mundo de dulzuras de vuelo de algodón y que me transforme. Ser la crisálida que va mutando de la confusión a la dulzura y de alli a la trascendencia definitiva, la que obliga al cambio y a la quietud. Esplendor de luces en el cielo indican la llegada de pequeños escorpiones iluminados, sin veneno, con savia de fuerza y energía, para alimentar corazones hambrientos y desolados.
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